Personal de la escuela técnica alarmado por presunta amenaza de tiroteo en sus instalaciones. Se activan los protocolos de seguridad.
15 de Abril de 2026 | BALCARCE - Este miércoles, la comunidad educativa de la Escuela de Educación Secundaria Técnica Nº 1 (ex Industrial) Luas Kraglievich, vivió momentos de angustia tras descubrirse un mensaje intimidante en los baños del establecimiento:
La inscripción, encontrada durante el horario escolar, activó de inmediato los protocolos de seguridad y generó una ola de preocupación entre alumnos, docentes y familias.
Desde la institución, el equipo directivo emitió un comunicado oficial buscando transmitir tranquilidad:
"Atento a las expresiones encontradas en uno de los sanitarios durante la mañana de hoy, se realizaron las intervenciones correspondientes en el marco de la responsabilidad de cuidado. Deseamos transmitir tranquilidad tanto a los estudiantes como a sus familias y a la comunidad toda."
Si bien las autoridades trabajan para esclarecer el origen del mensaje, este episodio nos interpela como sociedad y, especialmente, como adultos responsables de adolescentes que atraviesan una etapa compleja de sus vidas.
Más allá del protocolo: El rol fundamental de las familias
Los hechos, como el ocurrido hoy, no deben quedar solo en manos de las autoridades escolares. La investigación demuestra que la participación activa de los padres es uno de los factores más protectores contra la violencia escolar. Un estudio del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la principal agencia federal de salud pública de los Estados Unidos, reveló que el 86,4% de los estudiantes que reportaron que sus padres "siempre o la mayor parte del tiempo" saben dónde están y con quién están, presentaron menores comportamientos de riesgo en todas las áreas evaluadas: conductas sexuales, uso de sustancias, violencia e indicadores de mala salud mental
La clave no está solo en vigilar, sino en construir una relación de confianza que permita que nuestros hijos compartan lo que viven, tanto en el mundo físico como en el digital.
¿Cómo conversar con nuestros hijos tras un hecho como este?
La UNICEF y organizaciones especializadas en salud mental juvenil recomiendan abordar estas situaciones con honestidad y escucha activa:
- Crear un ambiente de diálogo seguro: a los jóvenes no se los debe interrogar y menos a la pasada, sino más bien sentarse con ellos en un momento de tranquilidad. Allí se debe expresar nuestra preocupación desde el amor. Por ejemplo: "Me enteré de lo que pasó en la escuela y me pregunto cómo te sentís. Estoy acá para escucharte".
- Validar sus emociones: el miedo, la confusión o incluso la indiferencia que puedan mostrar son respuestas válidas. No debemos minimizar sus sentimientos con frases como "no pasa nada" o "ya se te va a pasar".
- Interesarse por su mundo: y no solo por sus notas. La comunicación diaria es esencial. Preguntemos no solo por las clases, sino por sus amistades y actividades. Averigüemos cómo se sienten en el recreo, quiénes son sus referentes en la escuela. Sitios como StopBullying.gov, aseguran que los padres que mantienen conversaciones continuas sobre estas temáticas tienen hijos menos propensos a involucrarse en situaciones de violencia escolar.
- Conozcamos su vida digital:el acoso y las amenazas no terminan en la puerta de la escuela. Debemos tener normas claras sobre el uso de internet y los teléfonos, pero sobre todo: debemos intentar conocer que plataformas usan, con quién interactúan y hasta qué contenidos consumen.
Señales de alerta que no debemos ignorar
La adolescencia es una etapa de cambios, pero no todo comportamiento es "normal". La clave está en distinguir entre cambios evolutivos típicos y señales que indican que sucede algo más grave. Según la Clínica Persum, debemos prestar especial atención cuando los cambios presentan duración prolongada (semanas o meses), intensidad desproporcionada o impacto en varias áreas de su vida.
Señales que requieren atención inmediata:
- Cambios de humor - Irritabilidad extrema, tristeza persistente más de dos semanas, apatía, euforia inexplicable tras períodos de depresión.
- Comportamiento - Aislamiento social repentino, pérdida de interés en actividades que disfrutaban, cambios drásticos en el grupo de amigos, agresividad o, por el contrario, pasividad extrema.
- Rendimiento escolar - Baja abrupta de notas, inasistencias frecuentes, desmotivación expresada como "¿para qué sirve?"
- Hábitos básicos - Alteraciones severas en el sueño (insomnio o hipersomnia), cambios en la alimentación, descuido de la higiene personal.
- Bromas y comentarios - Humor negro constante sobre la muerte, bromas sobre violencia, expresiones como "mejor no existir" o "no quiero despertar mañana".
- Conductas de riesgo - Uso de sustancias, comportamientos impulsivos, autolesiones, búsqueda de información sobre armas o métodos de suicidio.
La importancia de las bromas
Como adultos, tendemos a minimizar el humor de los adolescentes. Sin embargo, las bromas sobre violencia, muerte o desesperanza pueden ser la única forma que tienen de expresar un trauma o una angustia que no pueden nombrar. El mensaje encontrado hoy en la escuela —"jueves 16 tiroteo no vengas"— puede ser una amenaza real, pero también puede ser el grito de un adolescente que necesita ayuda, no sabe cómo pedirla y lo canaliza como una broma de mal gusto.
Según la Fundación JED de EEUU, especializada en salud mental y prevención del suicidio en jóvenes y adolescentes, los comentarios sobre sentirse una carga para otros o expresiones de desesperanza deben tomarse siempre en serio.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Si observamos varias de estas señales persistiendo por más de dos semanas, es momento de consultar con profesionales. No se debe esperar a que "se le pase". En su lugar, es recomendable acudir a:
- El pediatra de confianza.
- La orientación escolar del establecimiento (EOE).
- Servicios de salud mental especializados en adolescencia.
- Líneas de crisis (en Argentina: 135, o líneas locales de atención psicológica).
El episodio de hoy en la Escuela Técnica Nº 1 es una oportunidad para reflexionar acerca de si realmente conocemos a nuestros hijos: ¿Sabemos quiénes son sus amigos?, ¿qué los angustia?, ¿qué los hace reír?, ¿qué cosas les quita el sueño?
Es importante que entendamos que la prevención de la violencia escolar no es solo tema de las autoridades, y no se arregla poniendo más cámaras de seguridad o protocolos institucionales. La pieza clave en todo este asunto somos nosotros mismos. Claro que a veces sentimos que no tenemos tiempo, pero sin embargo tenemos muchos momentos que se pueden aprovechar para entablar una conversación saludable con nuestros hijos: cenas familiares, trayectos en auto, charlas antes de dormir. El amor sana, si, pero solo cuando el adulto decide dejar de lado el teléfono, o la tele, para mirar a los ojos de su hijo o hija y preguntarle, realmente preguntarle: ¿Cómo estás?
Como señala una investigación de Drexel University (universidad privada de Filadelfia, EEUU, conocida por su fuerte énfasis en la educación experiencial y la investigación aplicada), los padres son expertos en sus propios hijos, y ese "expertise" o conocimiento adquirido en la práctica, es invaluable para construir escuelas más seguras. Hoy, más que nunca, necesitamos ejercer una paternidad basada en el amor y la atención pero también desde el coraje y el compromiso.




