
Lucas Groglio, fundador de Coctelería Consciente, acaba de quedar entre los finalistas de los prestigiosos IWSC Emerging Talent Awards 2026. Es el único latinoamericano en el podio de los tres talentos emergentes que hoy marcan la pauta a nivel global.
Este reconocimiento no es solo un triunfo personal: es la prueba de que la coctelería sin alcohol dejó de ser una alternativa para quienes "no pueden tomar" y se convirtió en una revolución cultural que redefine cómo socializamos, celebramos y cuidamos nuestro cuerpo.
Hace diez años, pedir un trago sin alcohol en un bar era casi un acto de valentía. La respuesta habitual era un jugo de naranja con hielo, servido con cierta indiferencia. Hoy la situación cambió tanto que la categoría de bebidas sin alcohol está en camino de facturar mil millones de dólares a finales de 2025, con un crecimiento del 208% en ventas online respecto al año anterior. Los números son elocuentes, pero lo que realmente importa es que la mentalidad de la gente está cambiando. La Generación Z y los Millennials lideran este giro: más del 40% de los jóvenes de esa generación nunca probaron alcohol, y en Estados Unidos el consumo entre adultos de 18 a 34 años cayó un 10% en la última década. No se trata de prohibir ni de imponer moralinas, sino de elegir con consciencia.
Elegir bebidas sin alcohol es una decisión inteligente por varias razones. La primera es obvia pero vale la pena recordarla: se obtiene la complejidad, el ritual y el placer sensorial de un buen cóctel, pero sin los efectos negativos del alcohol. No hay resaca, no se altera el sueño, no hay riesgo de perder el control. Como señala un análisis de VinePair, "el beneficio para la salud es la ausencia de alcohol de todos modos". Pero hay algo más profundo. Mucha gente que reduce el consumo o deja de tomar descubre que lo que buscaba en el alcohol no era el efecto etílico, sino el ritual, el sabor, la sensación de relajación o simplemente tener algo en la mano mientras conversaba. Todo eso se puede recrear, y hoy se hace con técnicas de alta cocina: infusiones botánicas, fermentaciones controladas, clarificaciones, espumas, presentaciones que compiten con cualquier cóctel alcohólico. En bares como Overstory en Nueva York o Tayēr + Elementary en Londres, las opciones sin alcohol tienen el mismo nivel de sofisticación que sus versiones con alcohol.

Otra razón fundamental es la inclusión social. Una de las dificultades más persistentes para quienes eligen no tomar es sentirse excluidos, el malestar de ser el diferente en la reunión. Hoy, bares sin alcohol como No More Cafe, Hekate o Maze Social Club en Nueva York están creando lo que llaman "terceros espacios", es decir, lugares donde la gente puede disfrutar de la cultura nocturna sin que el alcohol sea el "lubricante social" obligatorio. Abbey Conrad, una de las voces del movimiento zero-proof, lo expresa con claridad: "No queremos ser vistos como una ocurrencia tardía, queremos ser incluidos". Y esto no es solo para quienes nunca toman: el 92% de los consumidores de bebidas sin alcohol también compran productos con alcohol. No se trata de renunciar, sino de tener opciones.
Lucas Groglio entendió todo esto mucho antes que la mayoría. Su trabajo en Coctelería Consciente demuestra que se pueden crear experiencias memorables, complejas y sofisticadas sin necesidad de alcohol. No es un bartender que "también hace tragos sin alcohol": es un especialista que comprende que la hospitalidad del futuro no distingue entre quienes toman y quienes no. Su selección como finalista de los IWSC Emerging Talent Awards —uno de los tres mejores talentos emergentes del mundo— demuestra que Argentina está a la vanguardia de esta revolución global. No estamos siguiendo tendencias del primer mundo, esta vez las estamos creando.
La historia de Lucas y el auge mundial de las bebidas sin alcohol nos invitan a hacernos una pregunta simple pero tal vez incómoda: ¿realmente necesitamos alcohol para disfrutar, celebrar o socializar? La evidencia sugiere que no. Y lo mejor es que esta no es una elección restrictiva, sino expansiva. Se puede ser de quienes toman alcohol y, de vez en cuando, elegir algo sin. Se puede ser de quienes no toman y sentirse igual de incluidos. Se puede estar embarazada, manejando, tomando medicación o simplemente no tener ganas, y contar con opciones que no sean agua con gas o gaseosa.
Para incorporar bebidas sin alcohol a la vida no hace falta ser experto. En casa, se puede experimentar con tés, infusiones, frutas frescas y hierbas. Un té espumoso con frutos rojos puede ser tan festivo como cualquier copa de champán. Al salir, se puede pedir ver la carta de tragos sin alcohol. Si no tienen, se puede sugerir que preparen algo con los ingredientes disponibles: un buen bartender se luce con esos desafíos. En reuniones, se pueden ofrecer opciones sin alcohol. Los invitados que no toman —por elección, embarazo, medicación o porque conducen— seguro lo agradecerán. Es importante escuchar al cuerpo: a veces, lo que se busca no es el alcohol, sino el momento de pausa que representa.
El reconocimiento internacional de Lucas Groglio no es solo una noticia de orgullo nacional, en realidad es la excusa perfecta para ponernos a reflexionar sobre nuestra relación con el alcohol. En un mundo donde el bienestar, la claridad mental y la autenticidad son cada vez más valorados, elegir bebidas sin alcohol no es renunciar al disfrute, sino más bien la puerta de entrada a un mundo distinto, el del disfrute consciente. Como demuestran los datos y los expertos globales, el futuro de la coctelería no está en tomar más, sino en tomar mejor. Y eso incluye, cada vez más, la opción de no tomar alcohol directamente.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario