
Por Ariel Mestralet para Realidad 5.0 Balcarce.
Balcarce · Domingo 3 de mayo de 2026 | Hay noticias que duelen. Y hay noticias que, aun doliendo, iluminan. En nuestro medio nos propusimos seguir la corriente de noticas constructivas, pero constructivas no significa necesariamente felices y a veces necesitamos tocar temas tristes pero relevantes. En ese sentido, la partida de Alessandro "Alex" Zanardi, ocurrida el pasado 1° de mayo en Italia a los 59 años, es de esas que no podemos dejar pasar sin detenernos a pensar en lo que este hombre extraordinario le regaló al mundo.
Porque Zanardi no fue simplemente un ex piloto de Fórmula 1 sin mucha trascendencia. Tampoco simplemente un campeón paralímpico. Fue, ante todo, alguien que eligió —una y otra vez, y contra todo— volver a construirse, y creo que eso lo vuelve digno de nuestro reconocimiento.
Dice Jean Paul Sartre (1952) que "Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros" y personalmente creo que Zanardi vivió varias vidas a partir de lo que la misma vida le puso en frente.
La primera vida: velocidad y ambición
Nacido en Bolonia en 1966, Zanardi llegó a la Fórmula 1 con Lotus y pasó por Jordan, Minardi y luego Williams. Su paso por la máxima categoría del automovilismo no fue el de una estrella rutilante ya que apenas logró un punto en el Gran Premio de Brasil de 1993. Pero lejos de rendirse, cruzó el Atlántico y encontró en la CART norteamericana el escenario donde brillaría de verdad logrando 15 victorias, dos campeonatos consecutivos en 1997 y 1998, y una legión de fanáticos en Estados Unidos que lo adoraban por su manejo agresivo y sus celebraciones con "donas" —esos giros con el auto que se convirtieron en su firma personal—.
Zanardi había encontrado su lugar, lo tenía todo, pero entonces, el destino lo puso a prueba de una manera brutal.
El golpe y la reconstrucción más grande
En septiembre de 2001, durante una carrera de CART en el EuroSpeedway Lausitz de Alemania, un accidente devastador le costó ambas piernas. Casi se desangró, sobreviviendo de una manera que los médicos calificaron de milagrosa.
Cualquier persona habría tenido el derecho —y toda la comprensión del mundo— de bajarse de la pista para siempre, pero Zanardi no lo hizo.
En lugar de ello, diseñó sus propias prótesis y volvió a competir en el automovilismo internacional. Entre 2005 y 2009 ganó cuatro carreras en el Campeonato Mundial de Turismos con BMW. Entonces, con la misma determinación con la que había conquistado América, giró el volante hacia una dirección completamente nueva: el paraciclismo.
Representó a Italia en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y Río 2016, sumando cuatro medallas de oro y dos de plata. Estableció un récord mundial de Ironman para deportistas con discapacidad. Ningún otro piloto europeo de Fórmula 1 había acumulado, en vida, semejante palmarés a ambos lados de la adversidad.

El tercer golpe y la tercera reconstrucción
En 2020, durante una prueba de handbike en Italia, Zanardi sufrió un nuevo accidente con graves lesiones craneales. El proceso de rehabilitación fue largo y difícil. Pero incluso en esa etapa, su historia seguía enseñando que la resiliencia no es un rasgo que se tiene o no se tiene, sino una práctica que se elige —una vez, mil veces, las que hagan falta—.
Más allá de las pistas: el legado que multiplica
Lo que distingue a Zanardi de otros grandes deportistas no son solo sus trofeos. Sino que su historia le sirvió a otros para vivir la propia.
A través de la fundación Bimbingamba, trabajó en la rehabilitación de niños amputados. Fue vocero involuntario —y poderoso— de que la vida no termina donde termina una pierna, ni donde termina una carrera, ni donde termina lo que creíamos que éramos.
La Federación Internacional del Automóvil lo despidió diciendo que su trayectoria —de un accidente que cambió su vida hacia convertirse en medallista paralímpico— lo transformó en uno de los competidores más admirados del deporte y en un símbolo perdurable de coraje y determinación.
¿Por qué contamos esto en Realidad5cero?
Esta es la primera nota de este tipo, personalmente me generó controversia interna pero entendí que el periodismo constructivo no se trata de ignorar el dolor ni de maquillar la realidad con optimismo forzado. Eso sería periodismo rosa y no es lo que deseamos. Quienes encaramos este proyecto creemos en mirar la realidad completa, incluso la que duele. Porque si inspira, si abre puertas, entonces construye.
Alex Zanardi se fue y eso duele, sobre todo para los que lo conocían más y lo seguían, pero la pregunta que nos deja: ¿Cuántas veces estamos dispuestos a reconstruirnos?, esa no se va con él, sino que queda. Queda para los niños que lo vieron competir sin piernas y entendieron que ellos también podían. Incluso para los adultos que atraviesan su propio accidente —físico, emocional, laboral, vital— y necesitan saber que hay vuelta. Que se puede. Para todos los que alguna vez creímos que una derrota era el final pero que tuvimos la suerte de tener a un ser querido —un amigo, una pareja, un padre, una madre o un hermano— que nos dijo: "Dale, levantate que vos podés".
Zanardi construyó con elementos caseros el primer kart que lo llevaría al automovilismo profesional. Construyó sus propias prótesis. Construyó una segunda carrera, y una tercera y en cada una de esas reconstrucciones, sin proponérselo como consigna, dejó un mapa de ruta para los que vendrían después.
Ese es un legado que no se entierra junto con el cuerpo. Eso es trascender del mejor modo posible.
Yo no era un seguidor suyo, casi no lo conocía, lo admito casi con vergüenza, pero la noticia me golpeó como a muchos y me puse a investigar sobre su obra, su vida y su carrera y lo que encontré me iluminó y quise compartirlo con ustedes.
Solo me resta decir:
Gracias, Alex. Por mostrarnos que siempre se puede volver a empezar.




Excelente Nota! Gracias por compartir esta noticia con nosotros!
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